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Jornadas sobre TIC y EDUCACIÓN
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina – 22 y 23 de abril de 2013

Relatorías

Lunes 22 de abril:
Qué temas o problemas deberían formar parte de la agenda de TIC y Educación en Iberoamérica

Ronda de consulta a especialistas:

Presentación a cargo de Sandra Rodríguez:

-Buenos días a todos, en primer lugar les quiero dar la bienvenida, agradecerles que estén aquí presentes, a quienes vinieron de afuera para participar, también a los representantes de ADEA y de SEAMEO que vinieron a conocer lo que se está haciendo para colaborar y cooperar con proyectos que podamos organizar a futuro.

Hugo Martínez

Quiero partir por dar las felicitaciones a OEI y a IBERTIC porque esta construcción, esta casa simboliza un esfuerzo que traspasa lo virtual. A lo virtual hay que ponerle átomos, cara a cara, productos. Contar con esta casa que tiene historia y tradición y desde aquí proyectar el futuro, lo virtual, es un gran símbolo, no sólo un gran evento, muy feliz de estar acá.

Señalar dos cosas que creo fundamentales: es una tarea más transversal. Un instituto iberoamericano hoy día hace falta porque necesitamos ponerle transversalidad a las decisiones de política en tecnología y a las iniciativas que tienen lugar en el ámbito estatal y privado. Las tecnologías afectan diferentes módulos o componentes: la formación de docentes, la infraestructura escolar, el desarrollo de los contenidos, las estrategias de evaluación, la práctica docente, un conjunto de elementos que cuesta mirarlos individualmente.

Los que trabajamos hace tiempo en tecnologías, creemos en ella, hemos aprendido de ella, pero nos damos cuenta que si no conectamos con estos módulos, nos queda un elemento aislado. Por tanto, hay una tarea importante para IBERTIC para mirar transversal y sistémicamente la incorporación, el aprovechamiento y la utilización de tecnologías.

Dentro de esos módulos, de esos componentes, hay dos que me preocupan de manera especial que quiero proponer para la agenda:

La institucionalidad de las políticas públicas. La pregunta es dónde se deben llevar las estrategias de tecnologías para la educación en la estructura gubernamental, federal, provincial. Dónde está la responsabilidad estratégica y cómo se evalúa, dónde se le da importancia y vigor. Hoy día, muchos de los esfuerzos que hay en Iberoamérica se desarrollan fuera de las estructuras ministeriales o se crean      instituciones asociadas, se paralelizan con instituciones regulares que están a cargo de la formación docente, de la provisión de contenidos. En un momento de madurez, de mayor desarrollo, en que ya todas las políticas se ha resuelto que es necesaria la incorporación de tecnologías, la pregunta por la ubicación institucional no es solo una pregunta por la democracia sino por dónde le damos el valor que estas políticas tienen.

Políticas de contenidos y las políticas asociadas a las tecnologías de formación. Si cambiamos el formato en que transferimos, proponemos, desarrollamos el contenido, también deberíamos cambiar los contenedores. Para SM y Santillana, el texto escolar como formato es algo que nos interesa modificar. A partir de lo que las tecnologías ofrecen se puede pensar, soñar con nuevas experiencias de educación. Los contenidos empiezan a ser importantes no porque son la tradición, la forma de envasar o estructurar una oferta sino porque habilitan otra experiencia educativa que se puede implementar. Me parece fundamental preguntarse por el esfuerzo que estamos haciendo para dotar de infraestructura, de redes, de portales y el vínculo con las políticas que tienen que ver con los contenidos curriculares que están a la base de lo que los sistemas escolares ofrecen a nuestros niños y niñas. 

Ignacio Jara

Buenos días y gracias por la invitación a esta interesante reunión. Para comenzar, decir que hemos podido observar cómo las políticas públicas de TIC para Educación de los últimos años ya han identificado con bastante claridad los componentes sobre los cuales hay que intervenir para tener un piso de condiciones mínimas para la utilización educativa de las tecnologías, por ejemplo, lo que se señaló en relación a los temas de contenido e infraestructura. Sin embargo, al mismo tiempo hay que señalar que en la región  hay una diversidad de situaciones: de cobertura, de tipos de población (indígenas, con necesidades educativas especiales, en situación de pobreza), así como también de diversidad de proyectos en curso. En este sentido, es importante considerar si las políticas implementadas son consistentes con esta diversidad de contextos sociales, económicos y culturales.

En este ámbito de las TIC, durante las últimas décadas se han agregado muchas demandas a la escuela que no necesariamente corresponden a su rol más permanente (como por ejemplo, disminuir la brecha digital), por eso creo necesario que nos hagamos la pregunta ¿qué le vamos a pedir a la escuela en relación a estas tecnologías? De hecho, la propia dinámica social de masificación de las TIC ya está haciendo que los jóvenes incorporen habilidades básicas en relación al uso de tecnologías. Entonces, ¿qué habilidades vamos a pedir a la escuela que desarrollen en los estudiantes? ¿Qué no puede dejar de hacer la escuela porque si no, nadie lo hace? ¿Cuál es el nuevo rol, qué es lo nuevo? Esto tiene que ver, al menos, creo yo, con un conjunto de competencias o habilidades vinculadas con la gestión de la información y el conocimiento, con la colaboración y el trabajo en equipo, un conjunto de  habilidades que se han ido reconfigurando en el ambiente digital.

Pienso, por tanto, que la siguiente etapa en las políticas es poner foco en desarrollo de estas habilidades, por ejemplo, orientando a las escuelas respecto a quién debe hacerse cargo y cómo. Porque las políticas tienen la debilidad de hablar de estas cosas en términos muy generales, en términos muy ambiguos y las escuelas no saben muy bien para qué usar las TIC. Es necesario poner más especificidad y claridad para saber de qué debe hacerse cargo la escuela.

Por último, quiero decir que las políticas en este ámbito no pueden volver a olvidar poner un foco de atención importante en la formación inicial docente, que hasta ahora no se ha abordado como merece. Las universidades y los institutos no pueden seguir formando docentes descontextualizados, es necesario revisar esto, pues se trata de un ámbito que ha sido el más lento y reacio a incorporar la cultura digital. Necesitamos que se involucren seriamente en esta tarea, pese a las dificultades que ha tenido esto en todo el mundo. Es necesario entonces retomar esfuerzos más focalizados. 

Mariana Maggio

Me sumo a las felicitaciones por la inauguración de este espacio físico de IBERTIC.

Quiero compartir mis reflexiones sobre las oportunidades que las tecnologías de la información y la comunicación ayudan a crear para la educación actual. En ese sentido, comparto lo que se ha dicho respecto al esfuerzo que nuestros gobiernos vienen haciendo en la región por garantizar y mejorar el acceso tecnológico de los diferentes actores del sistema educativo y sus comunidades. Considero que el caso latinoamericano resulta ejemplar en esta búsqueda en los últimos años. Por supuesto, reconocemos el problema de la heterogeneidad junto con los desafíos de la conectividad plena. Pero si bien hay mucho por hacer celebramos y destacamos los esfuerzos en marcha. Habida cuenta entonces de dichos esfuerzos, entendemos que resulta crítico poder pensar en la profundización de políticas en cuestiones centrales de la agenda, tales como la permanencia y la finalización en el caso del nivel medio, la igualdad de oportunidades en los niveles superiores del sistema educativo y la formación para la inserción laboral plena.

Quiero destacar algunos puntos que considero nos pueden ayudar a abordar estas cuestiones desde las perspectivas políticas y pedagógicas que dan sentido y enmarcan las iniciativas tecnológicas en educación.

En primer lugar, sostengo que es necesario crear condiciones para la realización de interpretaciones curriculares que tengan el sentido del alivio en términos de las prácticas. Se requiere salir de la situación de sobrecarga que implica el curriculum concebido como inventario, para poder dedicar las propuestas a temas críticos, centrales y relevantes. Mi idea es que esto puede llevarse a cabo como parte de un proceso de trabajo de colaboración, de interpretación, de inteligencia colectiva encarnado por los mismos actores del sistema.  Con los colegas con los que tenemos el gusto de conversar hoy aquí conformamos un movimiento de inteligencia colectiva. No necesariamente nos conocemos personalmente pero compartimos información en las redes prácticamente a diario, participamos de debates y reflexionamos como comunidad.  En este sentido, entiendo que la mejora en el acceso tecnológico genera condiciones para que una dinámica similar tenga lugar en el sistema educativo, las escuelas en particular y, también, entre las escuelas y sus comunidades. Y un hito fundacional en esa búsqueda puede darse por la construcción de una inteligencia colectiva que sea puesta al servicio de este proceso de interpretaciones curriculares a partir de las cuales las finalidades y los contenidos de la enseñanza se carguen de relevancia social y cultural. Vemos con preocupación, por ejemplo, que en términos generales los alumnos siguen siendo evaluados como hace décadas, desde la perspectiva de la memorización y la repetición y con carácter absolutamente individual. En este sentido hay que ayudar a que se tomen decisiones de carácter didáctico y considero que las mismas pueden verse favorecidas por las oportunidades que aparecen en los ambientes de alta disposición tecnológica para la creación didáctica.

En segundo lugar, quiero resaltar aquello que hemos visto reiteradamente en las buenas prácticas que incluyen tecnologías de la información y la comunicación. Se trata de propuestas en las que los alumnos participan y aprenden generando intervenciones que contribuyen a la comunidad, atravesando las paredes del aula y yendo más allá de la escuela. Esas intervenciones pueden abordar un tema social, ambiental, cultural u otro,  generando una producción que derive en una mejora edilicia, un proyecto de ley o una campaña pública de prevención, por mencionar solamente algunos ejemplos. Proyectos como estos, potenciados por la tecnología en la construcción de puentes entre el adentro y al afuera de la escuela, dejan aprendizajes y marcas que acompañan a los estudiantes a lo largo de sus vidas, generando nuevos sentidos, más profundos que los que la escuela en general promueve.

El punto de preocupación es que si bien reconocemos y construimos teoría a partir de esas buenas prácticas, las mismas siguen sin ser la mayoría. Podríamos decir a modo de hipótesis arriesgada, y solamente a los efectos de la reflexión y el debate, que un 30% de las escuelas y/o de los docentes ya llevan adelante prácticas que buscan ser más ricas y poderosas a partir de las oportunidades que ofrecen los ambientes de alta disposición tecnológica. El desafío refiere al 70% restante, para el cual consideramos que hay que generar condiciones que ayuden a que las prácticas se revisen y recreen. En este sentido me parece necesario aliviar la presión curricular y generar espacios y tiempos para el despliegue de la creatividad por parte de los docentes, en los cuales la escuela sea repensada como motor de transformación de la comunidad. Por supuesto es clave el lugar que pueden jugar los institutos de formación docente para apoyar este movimiento si los concebimos espacios de vanguardia tecnológica y de búsqueda y creación de innovaciones pedagógicas.

Consideramos, entonces, que la clave puede ser capturar la oportunidad del acceso tecnológico para insistir en el cumplimiento pleno de los ideales de justicia social a través de prácticas educativas contextuadas, relevantes, cargadas de sentido político, social y cultural.  Si esto no sucede, puede cambiar la tecnología pero las prácticas de escaso valor van a seguir teniendo lugar, se profundizarán las objeciones hacia la escuela y es probable que los alumnos tiendan cada vez más a realizar experiencias y construcciones formativas y de sentido por fuera de ella.

 

Dolors Reig

Como resumen y como introducción al tema que nos ocupa a todos, quisiera decir dos cosas. Vale la pena repetir que estamos en un momento único en el que podemos hacer algo único. Debemos recuperar las utopías educativas de otros tiempos, hay cosas absolutamente recuperables y combinar esto con novedades. Por ejemplo el papel ayuda a memorizar y hay cosas de nuestra vida que es necesario memorizar sin volver necesariamente a una educación memorística. Hacer realidad utopías mediante avances tecnológicos y teniendo en cuenta los avances científicos de la neurociencia. Por ejemplo, cuando hablamos de evaluación, del examen tradicional que muchas corrientes pedagógicas vilipendian, deberíamos recordar la investigación al respecto, que aconsejaría, no sé si como evaluación pero sí como técnica de estudio, mantenerlo. El test, el examen, cuando no provocan una ansiedad excesiva, ayuda a memorizar las cosas.

Segundo, las infraestructuras. Para poder empezar a hablar de educación con tecnologías, como lo hace Conectar Igualdad, debemos asegurar el acceso. Todo el mundo puede ser igual, podríamos evaluar a todos de la misma manera si todos tienen las mismas oportunidades. La posibilidad de tener conexión a Internet como derecho universal es fundamental.

Soy psicóloga, si estoy en educación es porque creo que debe perseguir un objetivo esencial para el ser humano, la necesidad de ser feliz. En este sentido siempre hablo de que debemos formar en TIC (Tecnologías para la información y la comunicación), las TAC (Aprendizaje y conocimiento) y TEP (Tecnologías del empoderamiento y la participación).

Apuesto por lo que llamo el TEP-learning. Una cuestión esencial es la participación: el ser humano aprende de forma significativa cuando es protagonista, cuando participa en su aprendizaje. Hay que dejar de hablar de educación y hablar de aprendizaje, learning y no education, además de aprender mejor, participar nos permitirá ser individuos más felices y construir sociedades más maduras y menos problemáticas, democracias más maduras.

Laura Marés

Está claro para todos que se ha avanzado, y mucho, en la incorporación de las TIC en la educación. Esta incorporación, a veces inesperada, a veces indeseada, a veces ansiada, es siempre disruptiva, e implica trabajar en múltiples aspectos del sistema educativo de manera simultánea.

Me interesaría destacar tres cuestiones sobre las que venimos discutiendo en la red, que considero centrales y que no han sido suficientemente abordadas.

La primera de ellas es el modelo pedagógico que acompaña los proyectos de dotación masiva de equipamiento (1 a 1, 1 a 3, etc). Cuando investigamos acerca de las prácticas de enseñanza, e interrogamos a los actores del sistema sobre los cambios, el relato refiere al uso de contenidos más ricos, multimediales, interactivos, refiere a aplicaciones que los mismos alumnos proponen o de las que se apropian, o a experiencias que pasan por mayores o menores cambios en el aprendizaje, atisbos de autoaprendizaje, y el refuerzo de la inclusión y la motivación. Pero cuando el interrogante es ¿qué está pasando con las nuevas tecnologías y las prácticas de enseñanza?, no encontramos respuestas que den testimonio de modificaciones en la manera de enseñar. Y esto se traslada en los modelos de formación inicial en la docencia, donde, como muestran los estudios de Brun y Hepp, en general no se observa transformación en las currículas que den cuenta de formas de enseñar a partir del uso de tecnologías, pero sí del uso instrumental de estas tecnologías. Otro impacto de esta ausencia de modelos pedagógicos explícitos, puede verse en las direcciones de Infraestructura de los Ministerios que diseñan y construyen las escuelas del futuro con ausencia de esta mirada…

Una segunda consideración es el tratamiento de los residuos electrónicos derivados de los modelos 1 a 1. En este momento hay más de 7 millones de netbooks en Latinoamérica, los que tienen en promedio, una vida útil de 3 años (parte de estos 7 millones ya ha alcanzado el fin de su vida útil y comienza la etapa de

recambio, tal el caso de Uruguay y Perú). Un cálculo conservador permite imaginar un aumento de 3 millones más para 2014, y luego una tasa de crecimiento no menor al 10% del parque existente. Es una cantidad de basura electrónica enorme, inimaginable, ya que a diferencia de las computadoras de escritorio, prácticamente todo el material es desechable y las baterías, altamente contaminantes. Este es un tema que debería estar en la agenda de los gobiernos aún antes de realizar la gestión de compra, de manera de incluir las políticas de recuperación y tratamiento con los proveedores. Y que podría ser abordado de manera conjunta por los países, pensando, por ejemplo, en plantas comunes de reciclado en la región.

Finalmente, la tercera cuestión y que subyace en los anteriores, cómo hacemos para que el tema del uso de TIC en la educación entre en la agenda de los ministros de la región. Es muy difícil encontrarlo en la agenda de los distintos foros y encuentros regionales, y si aparece, es de manera marginal, o relacionado a la adquisición masiva de equipamiento o el acceso a internet, pero no tanto en cuanto a cómo cambia –si es que debería cambiar- la institución escolar y el modelo de enseñanza actual.

Carina Lion

Hay un primer desafío que creo que no se ha dicho con claridad aunque sí parcialmente, sobre el que deseo enfatizar. Es el desafío del cambio institucional que debería darse en las escuelas para que puedan tener lugar cambios auténticos y sostenibles en el tiempo, hay que involucrar a las conducciones de manera tal que entiendan la necesidad del cambio, que se quieran comprometer con las transformaciones y que además puedan realizar tareas de transferencia en sus establecimientos. Este desafío no lo logran solo las tecnologías ya que se trata de un trabajo estructural, se trata de un cambio cultural, organizacional, que lleva tiempo modificar, no es instantáneo. Pero, no obstante, constituye hoy una oportunidad que estaría bueno aprovechar.

Otro desafío fuerte es el de la articulación, que se vincula con características políticas y culturales del contexto en el que están las escuelas. Los objetivos tienden a ser abiertos, hay una ciudadanía digital, hay que trabajar sobre contenidos generativos que potencien la articulación entre la escuela y el más allá de la escuela. Para esto hay que pensar a las escuelas en sus contextos y las tendencias culturales y políticas que las enmarcan. Son múltiples articulaciones: entre la escuela y su contexto; entre las investigaciones y las propuestas de acción; entre la capacitación y la transferencia, entre otras.

El tercer desafío es la expansión. Tiene que ver con las habilidades de cognición, con los aprendizajes, ¿cuáles son las habilidades que debemos generar en la escuela pero no en términos generales?, en un contexto en el que se están reconfigurando los saberes y las profesiones, estamos frente a una sociedad en cambio. Es un tema que debe ser abordado de manera interdisciplinar y transdiciplinar, vincularlo con la formación docente, tenemos que formar docentes que puedan proyectar estrategias que generen habilidades genuinas. Para qué estamos formando, en qué, qué habilidades de pensamiento, para qué contenidos.

Otro tema es la evaluación. Evaluación de procesos y de aprendizajes, hay un corte ahí, se toma siempre a la evaluación como apéndice, deben ser revisados los procesos de evaluación en términos de articulación y de expansión cognitiva.

Me parece que es fundamental revisar los procesos de transferencia, no podemos pensar linealmente que la formación y la capacitación continua genera de manera automática cambios en las aulas, hay que pensar cómo generamos una transferencia para que los cambios sean reales, y comprometan a toda la comunidad.

Por último, la necesidad de superar el pensamiento dicotómico, seguimos pensando en términos de innovación-tradición, papel-computadora, escuela-sociedad. Las dicotomías generan un tipo de pensamiento parcial, en el marco de las ciencias sociales hay que pensar formas superadoras, inteligencia social que no ponga a las tecnologías como motor de cambio sino de manera más integral, las tecnologías ya forman parte de discusiones políticas, más amplias. Hay que aprovechar estos movimientos de inteligencia social,

compartir ideas para trascender el determinismo tecnológico que obstaculiza pensar lo escolar desde otro lugar. Las tecnologías pueden a ayudar a iluminar algunos temas escolares: qué curriculum queremos, qué perfiles estudiantiles, con qué sentidos. 

Inés Dussel

Me sumo a los agradecimientos y paso a comentar algunos desafíos que creo hay que abordar en la próxima etapa. Creo que es importante pensar el espacio iberoamericano, en el que hay una gran diversidad y desigualdad entre y dentro de los países. Pero sería bueno concentrarnos en pensar lo transversal, qué es lo que se puede aprender de las experiencias, y qué es lo que se acumula regionalmente. Algunos de estos desafíos ya se han mencionado, pero quisiera resaltar tres puntos:

Un primer punto es que hay que pensar sobre la sustentabilidad de estas políticas. En algunos países se avanzó bastante en la distribución de equipos en las escuelas y tener una alta disposición, en otros todavía no, pero los que ya avanzaron tienen que pensar qué se hace con la basura tecnológica, con la renovación de equipos, con los equipos que se bloquean. Y también hay que pensar qué se hace cuando sucede como en algunos países que iniciaron tempranamente la experiencia, cuando los maestros dicen “si no me exigen usarla, ya no la uso”. Frente a estas situaciones, surge la pregunta de si volveremos al punto en el que estábamos, si se trata de una moda que luego pasará, si no logramos consolidar otras prácticas que tengan otra perdurabilidad. La sustentabilidad tiene varias dimensiones, y creo que es importante estar atentos e ir aprendiendo de las experiencias, tanto a nivel de la infraestructura y los equipos, porque si esto no está resuelto los programas no pueden sostenerse, pero también en el aspecto de los recursos simbólicos de la pedagogía, de las propuestas que tenemos, de los aportes, porque si no se hacen buenos usos, es probable que el entusiasmo decaiga y el efecto de novedad se pierda. Hay muchas figuras que se crearon de manera temporaria como los asistentes tecnológicos, y habrá que ver cómo se estabilizan estas incorporaciones y se vuelven parte del paisaje habitual de las escuelas. Es un momento muy desafiante, y creo que América Latina tiene mucho para decir porque se están probando a escala nacional políticas de inclusión de tecnologías.

El segundo punto que quiero señalar tiene que ver con el cambio de la propuesta escolar. En un texto que publicó hace poco Neil Selwyn, un especialista inglés, se sañala que hay que hacer menos propuestas de cambio radical de la escuela, porque es probable que no prosperen. Creo que esta idea es sensata, pero también habría que cuidar que no sigamos sosteniendo prácticas o estrategias que no están funcionando bien. Estamos en un momento en el que necesitamos pensar un modelo institucional y un modelo pedagógico, sabiendo que la escuela es una institución muy compleja y muy diversa, en la que hay muchos factores que intervienen, y que van más allá de lo pedagógico. En la escuela hay una dimensión laboral muy importante, y es difícil pensar cambios si no cambian las condiciones laborales, la regulación del trabajo docente, los estatutos, las formas de contratación por horas-cátedra. Esta estructura laboral y administrativa impacta sobre lo pedagógico y lo curricular, y condiciona los márgenes de acción de la escuela.

Pero junto con esto, quiero plantear que ese cambio tiene que sostener dos pilares de la institución escolar que me parecen más vitales que nunca. La escuela provee un espacio de lo común, de la integración, de lo público, que no habría que perder. Pongo un ejemplo, aunque podrían pensarse otros: hoy están de moda los cursos masivos en línea  en la educación superior, son un verdadero boom económico y educativo. Pero habría que pensar si esa modalidad de curso (Cursera es la que tiene más éxito en estas ofertas) implica que no  va a haber más universidades, y aunque nadie tiene la bola de cristal como para saber cómo será el futuro, da la impresión de que hay funciones que las universidades y las escuelas cumplen que tienen que ver con una integración al nivel del conocimiento, una producción científica orientada por algunas ideas sobre el bien común, que son importantes. Las escuelas y las universidades son importantes también en términos de una agenda pública, porque señalan que no es solamente el individuo el que define las prioridades, o el mercado que ofrece una fragmentación de cursos. Esta dimensión pública es una dimensión fundamental.

El otro aspecto que trae la escuela es el tema de un conocimiento que exige otro nivel de argumentación, más complejo y más abstracto que la opinión común. La escuela nos conecta con otros lenguajes, sobre todo a nivel de las disciplinas, que exigen distanciarse del sentido común y sumarse a protocolos, métodos o enunciaciones más complejas. Este aspecto, que para algunos críticos es una fuente de exclusión y desigualdad, abre la posibilidad de otro tipo de intercambios y conversaciones que no pasan por el Me Gusta/No Me Gusta de las redes sociales y de la participación, me animo a decir banal, en muchos medios digitales. Este requerimiento de producir mejores argumentos, de convencer por la vía de la prueba o de una retórica más compleja, me parece que es una contribución fundamental de la escuela a la democracia. Y va a contracorriente de ciertas tendencias de la ciudadanía mediática de hoy, que privilegia la reacción inmediata y emotiva, y niega el papel de las mediaciones, de la reflexión, de la necesidad de considerar varios puntos de vista. Creo que la escuela tiene que poner otras lógicas y esto es vital para las democracias. Hoy puede verse una tensión entre una ciudadanía cada vez más exigente e informada, pero menos dispuesta a argumentos y debates que requieren otras mediaciones y otros tiempos. La escuela puede contribuir a promover otro tipo de saberes para la participación ciudadana.

Último punto, el de la formación docente. Hay mucho por trabajar en este plano. No quiero decir que el lugar de los alumnos no sea fundamental, pero creo que si no se trabaja más sobre la posición del docente en este nuevo escenario cultural, político y económico, se va a poder avanzar poco. Si no logramos que los docentes se sientan parte y se apropien de este cambio, usen esta posibilidad que ofrece una nueva tecnología para revisar qué y cómo enseñan, y qué estamos logrando transmitir o ayudar a que los alumnos se apropien, creo que los programas van a tener patas cortas. Y cómo se trabaja esto en la formación docente es un enorme desafío: no se trata solamente de poner nuevos contenidos en las mismas materias, o de crear una nueva materia curricular, sino sobre todo de generar nuevas experiencias y entornos donde la cultura digital esté presente, como marco, como horizonte, y como condición de la educación escolar en este momento. Por ejemplo, el debate sobre el lugar del conocimiento escolar, de la argumentación y la reflexión en la cultura digital, me parece un debate clave para pensar en las didácticas específicas. ¿Qué tipo de interacción vamos a promover en el aula? ¿Cómo retrabajamos la opinión de los estudiantes, o sus producciones audiovisuales, para salirnos del marco de “Me Gusta/No Me Gusta”?  Creo que hay que tomar estas cuestiones como tensiones centrales de la acción docente actual, que tienen que estar presentes en la formación docente.

Diego Leal

De mi parte, no quiero ser reiterativo con mucho de lo que se mencionó. Sí quiero recuperar el tema de la enorme diversidad que tenemos en cada nación, en la dificultad que eso genera para pensar en asuntos transversales. No es en vano que las políticas sean tan generales: ¿cómo atender la enorme diversidad desde una perspectiva centralizada? Este es un primer reto enorme.

La primera cuestión que quiero señalar se relaciona con la idea de que la imitación es una poderosa forma de aprendizaje. Me pregunto qué están aprendiendo nuestros estudiantes en sus aulas a partir de lo que hacen sus docentes, y me pregunto si aquello que los estudiantes están percibiendo (e imitando) corresponde a lo que quisiéramos que hicieran.

En el trabajo que he realizado con docentes de muy diversos sitios me encuentro una narrativa recurrente en varios temas:

a) hay un enorme desempoderamiento de parte del docente, una gran carencia respecto al sentido de posibilidad. Muchos docentes ven su misión limitada a cumplir un currículo, lo que en parte tiene que ver con la saturación y la presión bajo la que en ocasiones se encuentran. A mi juicio, el problema del desempoderamiento es preocupante porque tenemos, a gran escala, estudiantes que no están siendo inspirados por sus docentes.  También hay una enorme soledad docente: muchos docentes dicen estoy tratando de hacer cosas pero estoy muy solo. Pasa en todos los órdenes del trabajo docente;

b) hay un enorme foco y una gran preocupación por la enseñanza, pero en mi experiencia percibo que muchos docentes hemos olvidado la importancia de nuestro propio aprendizaje. Si no nos desarrollamos como aprendices y no integramos herramientas como la tecnología en la forma en la que aprendemos, perdemos la oportunidad de modelar este tipo de habilidades para nuestros estudiantes, que somos también aprendices. No se trata solamente de cómo usamos la tecnología en el aula, sino también cómo la integramos en nuestras prácticas de aprendizaje para que podamos modelarla de manera efectiva para nuestros estudiantes. La experiencia que he tenido en los últimos años está marcada por varias ideas: movernos de la enseñanza al aprendizaje: intentar que todos los actores del sistema se reconozcan como aprendices, incluso los directivos, quienes no tendrían que ser sólo los encargados de la gestión sino ejemplos a seguir en términos de aprendizaje. Igualmente, movernos de redes centralizadas a redes distribuidas: distribuir el rol docente, descentralizar las responsabilidades sobre múltiples aspectos de la vida institucional, construir autonomía al entregar responsabilidad.

c) Una idea más que considero importante es dejar de esperar el futuro para empezar a crear el futuro. Muchos de nosotros estamos esperando el futuro: el nuevo aparato, la próxima tecnología, la legislación, el nuevo currículo. Esperando a que algo pase, hemos olvidado que podemos crear. Necesitamos inspirar de nuevo a nuestros docentes pues ellos tendrán un enorme impacto durante muchos años en la vida de muchos jóvenes.

Resumiendo entonces, señalaría algunos desafíos urgentes: modelar las prácticas que queremos ver en el mundo; sacar a los docentes de entornos y sistemas tecnológicos que solo existen en el entorno escolar. Si queremos habitar la red de manera responsable tenemos que ir a trabajar directamente en la red. Si queremos modelar apertura, autonomía, creatividad, tenemos que hacerlo en esos espacios, que son los que nuestros estudiantes encontrarán durante la mayor parte de su vida. 

Es igualmente esencial la articulación de las intervenciones a múltiples niveles. La mayoría de las iniciativas de TIC apuntan a un único nivel: docentes, directivos, estudiantes. Pero no hay conversación entre estas iniciativas. Necesitamos más experiencias que intervengan en estos niveles de manera simultánea, incluso en el nivel de funcionarios de gobierno, y que generen diálogos y sinergias entre diferentes ámbitos. Necesitamos aprender más al respecto.

Por último, pienso que necesitamos reconocer los límites imaginarios que nos hemos impuesto y empezar a cuestionarlos para plantear la discusión sobre el sentido que tiene la tecnología. Tenemos que tratar de trascender límites en las acciones que hacemos, no sólo en el discurso. Necesitamos pasar de la posibilidad a la acción, a la realidad, a construir el futuro que nos imaginamos como individuos y como colectivo.

Ronda de comentarios y preguntas de los participantes

Juan Carlos Toscano Grimaldi y Sandra Rodríguez coordinan este espacio.

Fundación Telefónica

Un desafío que hay que trabajar fuertemente es el vínculo público – privado y el tercer sector, es el ámbito en el que el sector privado y las fundaciones están teniendo iniciativas interesantes que no siempre están articulados con iniciativas estatales, se necesita incorporar esta dinámica para sumar a la definición de políticas públicas en la región.

Patricia Pomiés, Gerente de TIC y Convergencia de Educ.ar

Es interesante valorar este espacio de reflexión y de intercambio. Hay un tema que nos preocupa y es la tensión entre lo individual y lo masivo. La mayoría de las escuelas solicitan una formación y acompañamiento situados que dialoguen con cada director, con cada docente y con sus contextos culturales y económicos y, por otro lado, tenemos el desafío de implementar políticas que deben llegar a todos, a las escuelas y a las familias de los estudiantes. Diseñar políticas con esta doble función implica pensar modelos que alberguen también estos dos ámbitos.

Analía Segal

¿Cuánto pensamos esto como un nuevo problema? ¿Cuánto hay de nuevo y cuánto hay de viejo en estos temas? Para no distraernos en pensar como nuevo algo que es clásico de la escuela y de los sistemas educativos. Sin ponernos necios y negar la irrupción de estos nuevos lenguajes, pero hay algo en torno a pensar los problemas en su especificidad, a qué recurrimos de las viejas fortalezas de la escuela y cómo nos situamos en este punto de tensión entre lo novedoso y lo que hay que seguir aprovechando de la escuela, sobre todo para evitar que los adultos queden corridos de este proceso.

Ahlin Byll Cataria – ADEA (Association for Development of Education in Africa)

¿Cómo pensar el futuro mientras tenemos que encontrar soluciones para el presente? Sin duda las TIC ofrecen posibilidades muy interesantes para mejorar nuestros sistemas educativos, pero cómo se puede incorporar esto cuando hay muchas personas que aún no tienen acceso a la educación en el territorio africano. Hay muchos estudiantes que no han sido bien formados. Esta contradicción en el ámbito del desarrollo, es un desafío para la política, intervenir hacia un acceso para todos y otros que piensan que no hay que perder estas oportunidades de mejora.

Dolors Reig

Conviene diferenciar situaciones. Uno es el desafío para los países en los que el acceso es un problema, ahí la problemática es distinta, claramente. En otros escenarios, los de la incluso llamada sociedad postdigital, para los chavales no existe “la tecnología”, para ellos la realidad es la tecnología, no necesitan tematizarla, la viven. Para ellos las redes sociales no se estudian. Son dos extremos distintos que originan debates distintos. 

Ignacio Jara

Es cierto que son dos cosas distintas pero son simultáneas. Esta distinción que en África es tan radical (porque tiene que ver con fuertes problemas de acceso y, por otro lado,con las demandas del siglo XXI), en nuestros países, si bien no es tanto la falta de acceso, tenemos deudas de generación de capacidades propias del siglo XX, al menos en Chile. No hemos resuelto bien lo que sí ya hicieron los sistemas desarrollados, nuestros niños tienen problemas para leer, todavía tenemos problemas serios de infraestructura, por ejemplo. A veces se piensa que hay cosas que deben resolverse después de tener lo básico hecho, pero se trata de condiciones que están encabalgadasy son paralelas, simultáneas. Parte de la complejidad de las políticas es que deben hacer las dos cosas y las tecnologías deben ayudar a resolver estos problemas al mismo tiempo que debemos abrazar los nuevos entornos digitales, hay experiencias que se pueden compartir y que tienen que difundirse. Creo que no es posible separar los dos problemas.

Dolors Reig

Hay cosas que son de campos diferentes. Hay un tema de acceso y de provisión de computadoras que no depende del sector educación sino del sector comunicación, de infraestructura. Si no hay tecnologías, no tiene sentido la discusión sobre qué hacer con ellas. Desde la educación debemos insistir en que se trata de un derecho, pero la cuestión de las estructuras depende de otra gente. Como educadores es necesario, si queremos avanzar, pensar qué competencias debemos formar, qué cambios hay que hacer en el curriculum en un mundo organizado en torno a las tecnologías.

Mariana Maggio

Hay algunas tensiones que quedan reflejadas esta conversación. Los que vivimos otros intentos de promover cambios en la educación a través de la tecnología ya participamos de discusiones semejantes. Entiendo que la diferencia en los escenarios actuales es que se reconfiguró el lugar de las tecnologías en el plano social, cultural, económico y de participación ciudadana. Se trata de tecnologías que atraviesan en modos complejos todas las esferas de la sociedad y la cultura, incluidas las formas en que el conocimiento se construye y difunde. Esto profundiza la tensión sobre la escuela. En mi caso trabajé sostenidamente un análisis  enfocado en las prácticas de la enseñanza pensando que, si se capturan las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación, pueden ser más ricas, poderosas y perdurables. Hoy creo que se trata de re-concebir las prácticas de la enseñanza, de recrearlas profundamente. Pero como se decía antes, es necesario producir otros cambios para que ello sea posible.

Hemos realizado un riguroso de investigación sobre el modelo 1 a 1 donde, en algunos casos, se pueden ver elementos incipientes de esa construcción didáctica, prácticas en las que los docentes incorporan, por ejemplo, nuevas estrategias difusivas y espiraladas y perspectivas polifónicas y expresivas. Pero para que esos cambios vayan más allá de los buenos docentes y alcancen a todos se requiere de políticas que impriman un sentido pedagógico al acceso tecnológico en el marco de condiciones curriculares, institucionales y profesionales que también sean re-imaginadas.

Hugo Martínez

Es interesante la conversación porque refleja que estamos incorporando preguntas de madurez. El salto de la adolescencia a la adultez nunca es fácil, también pasa en laspolíticas de tecnología, ya no son temas ingenuos. No es solo preguntas por el acceso o la infraestructura sino por las consecuencias del acceso, por los cambios socio culturales dentro del ecosistema de la escuela, en las prácticas, la utopía, la sustentabilidad, la globalidad y la individualidad. Son temáticas de madurez. Quiero plantear una diferenciación entre las preguntas, está la invitación de Diego a no perder las utopías y a proponer. A veces tenemos dosis de realismo que nos anclan, cuando listamos lo que falta, lo que hay que reforzar. La pregunta creo no es dónde queremos ver las tecnologías sino los impactos de las tecnologías en 5 años. Ya sabemos que las tecnologías son una mediación, entonces, no vamos a discutir la relación de alumnos por computador porque debemos llegar a 1, no vamos a discutir los contenidos digitales porque deben complementar los contenidos impresos. Hay que preguntarse dónde vamos a poner los esfuerzos porque no tenemos mucho tiempo más y dónde vamos a priorizar poner los recursos porque no tenemos muchos recursos. Tiene que ver con formular preguntas de las que podamos hacernos cargo en los años siguientes.

Dolors Reig

Agrego un matiz, la urgencia viene determinada porque los chavales a quienes nos dirigimos ya están apropiándose de estas cosas, sin el acompañamiento adulto.

Diego Leal

A mí me gusta pensar que somos maduros, pero me pregunto en qué calle termina la madurez. Me sorprende que seguimos viendo cosas desde enfoques que podrían llamarse inmaduros, sobre todo en lo político. Se siguen comprando miles de tablets aunque no sabemos qué se hará con ellas. Quedan lindas, es atractivo desde el punto de vista político. Qué bueno que quienes participamos de esta discusión tengamos preguntas de fondo, pero pienso que el entorno es muy diverso en cuanto al tema de la madurez. Las percepciones son tan diferentes que, por ejemplo, para muchas personas internet empieza y termina en el uso de facebook y twitter. Luego de dejar el Ministerio de Educación de Colombia cuando fui a trabajar con docentes, me sorprendió la gran brecha en el discurso, entre lo que se decía en el ministerio y la situación cotidiana de los docentes. Mientras la discusión que nosotros teníamos estaba en el siglo XXVIII los docentes no sabían qué era un blog. Esto tiene mucha complejidad, tenemos que pensar cómo hacemos cosas para usar la tecnología de una manera más práctica. 

Carina Lion

Cuando hablamos de utopías hablamos de grandes relatos y grandes cambios al mismo tiempo que hay que pensar qué pasa en lo microinstitucional, en la micropolítica. Hay un poder transformador de los micro-relatos, del poder transformador de la palabra, cómo articular estas narrativas y estas pequeñas experiencias con otras, que pueden iluminar las grandes narrativas. No hay que separar estos dos niveles, están articulados. Hay protagonistas que pueden ayudar a pensar los cambios que debemos transitar.

Inés Dussel

Hay muchas cosas, espero que podamos profundizaren estos sentidos. Pensando en qué hay de nuevo y en esta escala masiva, diría que lo nuevo es que se trata de un cambio que se impone, sin caer en el determinismo tecnológico. Es un cambio que ya está en la sociedad, en la política y está produciendo muchas cosas que están tensionando a la escuela horizontalmente. Hay una presión que puede ser muy interesante porque que va a obligar a pensar para qué, qué hacemos y responder a familias y a una ciudadanía más exigente.

Hay otro gran actor sobre el que no hemos dicho mucho y son las empresas tecnológicas y las empresas de medios. Hay que pensar cómo la escuela y el sistema educativo se van a vincular con esto. Poníamos antes el caso de los mods, Facebook, Google. Si miramos los siete grandes sitios por los que circulamos solo sobrevive Wikipedia como un emprendimiento colaborativo, el resto son empresas con fines de lucro y nosotros vamos atrás de las estrategias de estos modelos de negocio. Esto suma complejidad a nuestra discusiones, los estados también están viendo cómo regulan y cómo piensan en relación a esto.

Analía Segal

Retomando lo que se decía sobre los dispositivos tecnológicos que solo existen en ámbitos escolares, estuvimos discutiendo mucho en la OEI acercadel sentido de producir video juegos para situaciones de enseñanza, aunque uno

haciendo esto queda del lado del entertainment. Pensar otros objetos que pedagogizados entran a la escuela, esto se liga mucho con el tema de la producción de contenidos, qué tiene sentido y qué vale la pena producir, hay que discutir esa artificialización.

Laura Marés

Hay que pensar una cosa que nunca hicimos: qué queremos antes de que las empresas vengan a ofrecer qué tienen. Estamos aceptando lo que diseñan creativos sin muchas opciones en vez de formular lo que necesitamos y nosotros funcionamos como consumidores de esos vendedores.

Dolors Reig

La industria de los video juegos es la especialista mundial en la motivación de las personas, por eso creo que no deben ser dejados de lado en el ámbito de las escuelas.

Nancy Montes

Es interesante y provocadora la idea del 30 y del 70% que traía MarianaMaggio, acerca de los docentes que ya están haciendo innovaciones, aunque parece optimista. Creo que esto trae el tema de los sistemas de información que tenemos y la agenda de investigación sobre Educación y TIC para saber y evaluar cuánto y cómo se está haciendo. Parece que tuviéramos más percepciones e impresiones o conocimiento de experiencias concretas más que un mapeo más extenso de lo que efectivamente está pasando en nuestros sistemas educativos.

Mariana Maggio

Quiero ser optimista. Cuando vamos a escuelas concretas y analizamos las prácticas de docentes que desarrollan prácticas avanzadas del modelo 1 a 1 en general son los mismos docentes innovadores que llevan adelante otras prácticas innovadoras que no siempre incluyen las tecnologías. Son docentes innovadores o pioneros cuyo trabajo celebramos porque sus prácticas nos permiten producir categorías de análisis didáctico, las que en el caso de los ambientes de alta disposición tecnológica todavía se encuentran en un estado de desarrollo incipiente. Tal vez uno de los grandes desafíos sea precisamente el de generar marcos interpretativos complejos desde la perspectiva de una enseñanza re-concebida, que sostengan propuestas distintas de formación del profesorado y alienten creaciones didácticas originales y orientadas a la transformación social, en una escala masiva.

Sandra Rodríguez

Fue muy interesante escuchar todas las intervenciones y los temas que han sido una constante: la formación docente, la evaluación, el rol de la escuela cuando en algunos ámbitos se discute si los chicos en la escuela o aprendiendo en sus casas. Seguimos pensando en relación a esto y agradecemos la participación de todos y todas.

 

 

 



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